El gran satélite de la tierra tiene nombre de mujer y ha sido impulsadora de grandes y esperanzadores sueños en la historia de la humanidad. Ella, es enigmática, misteriosa, luminosa, radiante, fuerte, sensual, irreverente y muy inspiradora para todos aquellos que de vez en cuando, nos atrevemos a mirar al cielo y contemplar su magnitud. Por supuesto, hablo desde un sentido filosófico, el mismo que, ha imperado por años en las soñadoras del mundo. 

Pero, todos estos atributos que nos evoca tan fascinante astro se convierten en tangibles, cuando lo relacionamos con las mujeres, de hoy día y de siempre. 

Seguimos siendo forjadoras de vida, de futuro, de un espíritu fervoroso y de una voz inquebrantable que lucha incansablemente por mantener una tribuna activa dentro de la sociedad.

 Esta lucha, empezó el 8 de marzo de 1857, cuando miles de trabajadoras textiles decidieron salir a las calles de Nueva York con el lema ‘Pan y rosas’ para protestar por las míseras condiciones laborales y reivindicar un recorte del horario y el fin del trabajo infantil, 118 años después, en 1975 las Naciones Unidas declara esta fecha como Dia Internacional de la mujer

En la actualidad, seguimos en la misión impostergable de continuar alzando nuestra voz, para exhortar a todas las mujeres a que tenemos el derecho ineludible de ser receptoras de una educación de empoderamiento, que desarrolle en nosotras una alta autoestima. Las niñas, adolescentes y mujeres con esta postura emocional no tienen miedo a ser libres, y esa libertad implica ser responsables de nuestros actos, de nuestras decisiones, de nuestra vida. La capacidad que hemos demostrado para liderar: países, grandes entornos laborales, un espiritual y consciente vivir, forjar a una familia, es la auténtica prueba de que somos indetenibles y de que nuestro destino puede ser pisar la luna, si así lo decidimos.