A medida que los países se están reactivando en lo económico, en lo social, en lo público, en lo privado etc., hay un sector del que no se ha hablado al 100% en su reactivación. Se trata del sector educación.

Este sector, en el que se encuentran colegios y escuelas, profesores, personal administrativo, padres, y sobretodo nuestros niños ha sido de los más golpeados.

Un golpe que quizás ha provocado una muerte cerebral y del cual no es posible que se levanten.

La aparición y posterior propagación del COVID-19 supuso para las instituciones educativas de los países (desde educación preescolar, básica, medias y superiores, públicas y privadas, rurales y urbanas, privadas y públicas  el gran desafío era adaptar sus procesos formativos a la virtualidad y así garantizarles a miles de niños, jóvenes y adultos el derecho fundamental a la educación.

La implementación de  medidas de bioseguridad dentro y fuera del aula para garantizar la salud y el bienestar de toda la comunidad educativa es la prioridad para el regreso a clases y por consecuencia la preocupación de todos los sectores.

Mucho se indica que hay un índice grandísimo  de Padres de Familia, preocupados por enviar a sus hijos y prefieren que se mantenga la virtualidad educativa por el riesgo de regresar  a las instituciones.

Ciertamente, que estén en casa o en el escuela, colegio o universidad, hay un rastro del que no se habla, y es el riesgo silencioso que opera y está dejando rastro sin que la gente se esté dando cuenta, y son los riesgos informáticos asociados a la virtualidad.

Más allá de que la virtualidad escolar haya sido la primera medida como parte del aislamiento social, está el factor que los partícipes de la educación en línea, no conocen en su mayoría las reglas básicas de la ciberseguridad.

Entendamos que hay sectores, aún más el rural que han tenido limitantes de conexión, y más aún consideremos que las personas que viven en zonas de extrema pobreza, no cuentan con una computadora lo mucho, un celular, y pensemos un móvil muy muy básico.

De ahí que si los niños o los mismos maestros han tenido recurrir a la tecnología, pero la deuda que deja la Pandemia en el sector educativo, es la exposición de los datos del estudiantado, ya que aun cuando pudieran, aun cuando los padres, profesores, y también la Institución per se, contara con el conocimiento técnico en ciberseguridad, es materialmente imposible suponer que TODOS cumplen, que TODOS saben, o que TODOS  entienden cómo proteger los equipos, o protegerse en caso de delitos.

La gran exposición a sitios inseguros, chicos y chicas navegando y estudiando, conectándose sin supervisión, al alcance de un mundo web donde también corren peligro sin control, es una situación que ha pasado inadvertida, y que se empieza a notar con padecimientos de miedo y ansiedad, y los Padres no han reparado todavía en ello y que son síntomas asociados a una virtualidad no controlada.

Otras secuelas de la pandemia

Otra secuela que ha dejado la cuarentena, debemos decirlo, está asociada a un factor cultural.

Siendo que la vida nos cambió, y para el sector no es la excepción, nos encontramos que, tenemos a estudiantes que han perdido el control de sus hábitos educativos tradicionales. Acostarse tarde, porque se empieza tarde la clase virtual, o por ejemplo, entregar tarde tareas porque la plataforma, permite hacerlo hasta antes de las 12 de la noche. Un tema organizacional que parte ahora y es responsabilidad absoluta del Padre de Familia.

Patrones de conducta que no pueden verse desde lejos, y más en el proceso de aprendizaje que ha tocado llevar.

Reforzar las debilidades es el reto, y levantar la autoestima de los estudiantes quienes no han tenido contacto con sus amigos, y han perdido actividades de trascendental importancia, aún más en las edades más tempranas que necesitan ese contacto para la formación de los valores que se están inculcando en escuela.

Aspectos positivos que se rescatan

  • Docentes trabajando conjuntamente, tratando de comunicarse con los alumnos, y padres.
  • Reconocer la gran labor del docente porque los padres están angustiados sobre como impartir la clase.
  • Un aspecto importante es que la educación tuvo que volverse  dinámica, y por ello el docente debía cambiar las herramientas. Si bien hay maestros que están ya mayores en su carrera el hecho es de que, se rompieron esquemas tradicionales, con dificultades por supuesto pero que vinieron a fortalecer sus competencias.

Los aspectos negativos

  • Instituciones Con Falta De Condiciones, Para Regresar,
  • Debilidad En Infraestructura, Problemas De Conectividad, Sobretodo En El Magisterio Que Imparte Clases Desde Zonas Donde No Existe Aún Conexión Digital,
  • Debilidades En Contenido Y Herramientas Digitales
  • Ausencia De Sistemas De  Evaluación Asociada Al Contexto De La Virtualidad.

El reto de regresar a la normalidad es enorme, no solo por la implementación de medidas de seguridad, que dicho sea de paso, es una preocupación latente para todo el ecosistema educativo, sino porque una vez los colegios, escuelas, universidades, abran puertas hay contingencias asociadas que se deberán mitigar, sumando a ello que muchos padres que no han podido pagar colegiaturas ni mensualidades ya que las empresas donde trabajan han cerrado y se quedaron sin trabajo, o quienes están independientes, no encuentran modo de sobrevivir, y eso nos lleva a otra secuela que será el ausentismo educativo, esta vez por falta de recursos.

Eso impacta en el sector privado, sobre todo en aquellas instituciones educativas pequeñas que han debido cerrar.

Ya la UNESCO ha establecido sugerencias para la normalidad partiendo de un enfoque integral a fin de lograr controlar el impacto multifacético que han sufrido  los derechos de los niños y niñas, a quienes se les afectando a su educación, protección, salud, nutrición y más. Por lo tanto, la reapertura debe abordar las necesidades globales de la niñez desde un enfoque coordinado e integral.

En conclusión en reto que se presentan entre otros es lograr cuando se vuelva a la normalidad, habida cuenta de las secuelas expresadas, es desde los siguientes alcances:

Establecer contacto con los docentes de sus hijos para poder establecer un plan en equipo para ir acompañando las lecciones que tienen que estar dando a sus hijos en casa para un retorno eficaz.

Las autoridades deberán contar con más recursos a vía de ejemplo, desde plataformas que se puedan acceder desde sitios web para mantenerse actualizados.

Blindar al sistema educativo para contar con los elementos necesarios para enfrentar las consecuencias a mediano y largo plazo de la pandemia del COVID-19.

Escuchar al profesorado, pero también a los estudiantes, ya que ellos tienen derecho a ser escuchados en procesos que les afectan y deben ser considerados como actores de pleno derecho en la toma de decisiones.

La participación infantil debe ser inclusiva y accesible a todos

Los jóvenes pueden desempeñar un papel clave en la movilización comunitaria y en la divulgación de información veraz.

El proceso de reapertura de escuelas  debe partir de  la oportunidad de reforzar los sistemas existentes de educación, salud, protección y preparación ante desastres, haciéndolos más accesibles, inclusivos, participativos y protectores.

Ver la educación en línea como un enorme avance ya que ello ha significado, el cambio de paradigmas y sin duda una mejora en los procesos.

Todo lo anterior, de cara que lo aprendido del COVID-19, no pase de largo y así los gobiernos y todas las comunidades educativas pueden estar mejor preparados y reducir los riesgos ante futuras crisis de salud, peligros naturales y cotidianos, violencia y conflictos.